Translate

Translate

jueves, 20 de noviembre de 2014

Eternamente juntos, de Sotirios Moutsanas









Hola, amigos. Mi relato “Eternamente juntos” ha sido seleccionado en el concurso “AMORES” .También se ha publicado en un libro que se llama: Antología de relato breve “AMORES” Les pongo mi micro. Un fuerte abrazo, Sotirios.


Se  conocieron en una fiesta de fin de curso. Clara, era rubia con los ojos azules, llevaba una camisa blanca con una chaqueta azul marino. José Antonio, se enamoró de ella al instante lo que se dice amor a primera vista; pero por suerte para él también ella sintió lo mismo. Se casaron en seguida y formaron una familia con dos preciosos hijos; y aunque hubieron tenido muchas dificultades por los avatares de la vida, jamás perdieron el respeto y el amor que se tenían uno al otro.
Un infarto de corazón terminó con la vida de Clara y llenó a José Antonio de amargura y desesperación. Él se repuso, luchó a muerte para sacar adelante sus dos hijos. Todos le decían que tenía que rehacer  su vida; pero resultó en vano. Pasaron muchos años, él envejeció y cuando llegó su hora, su última palabra fue “Clara”.
La luz se disipó y aquí en un jardín de todo tipo de flores de color estaba ella esbozándole una sonrisa. Era muy joven con su pelo rubio y sus hermosos ojos azules. Estaba con los brazos abiertos. Vestía “una camisa blanca” y “una chaqueta azul marino.”  

viernes, 31 de octubre de 2014

Remordimientos de un pecador, de Sotirios Moutsanas

















 Sotirios Moutsanas termina primero con 1.46,68 los 800 metros entre cinco naciones Alemania , Hungría , Bulgaria , Chipre y Grecia





En la vida todos cometemos equivocaciones. Hay unas leves y otras muy graves, sin embargo, algunas de ellas nos marcan de verdad para toda la vida. Este es mi caso, dándole y dándole  vueltas a mi cabeza, todavía no concibo cómo pude hacer semejante bajeza.

Hay momentos que me pregunto si los seres humanos somos siempre los mismos, o a lo mejor con el tiempo nos transformarnos y nos convertimos en unas personas distintas. Yo tengo cincuenta y siete años. Cuando cometí este repugnante acto, tenía veintidós. Quisiera preguntarles, mis queridos lectores, ¿creéis que uno cuando tiene cuarenta y siete años es el mismo que cuando tenía veintisiete? Personalmente, creo que no. ¡Qué tengo que ver yo un hombre culto, amante de las letras y de los buenos modales con aquel hombre arrogante, narcisista y adorador de libertinaje! ¡Aquel que era yo a los veintidós!

No, por Dios.                               

Les aseguro que ni me asemejo a ese sujeto.

Ahora, amigos, voy a llevar a la práctica algo insólito, extraordinario, algo que nunca se ha hecho ningún ser humano en toda la historia de la humanidad. Con mi vasto conocimiento en hipnotismo, volveré a ese hombre al tiempo actual para que nos explique por qué hizo aquel viril hecho años atrás.

Pero  ojo: es un encantador de serpientes; un adulador que te convence con facilidad que algo es blanco… ¡cuando en realidad es negro! Les suplico que, si no lo creéis, preservéis la virtud para que no terminéis como yo, corroído por los resentimientos. Pronunciaré sólo unas palabras para que se aparezca, leerá el texto y sólo tendrá que explicarnos porque hizo lo que hizo:

—Despierta demonio.

¡Vaya, vaya! Difícil de creer cómo se puede convertir una persona cuando sea mayor. Y  encima me nombras demonio, ¿acaso te has olvidado de que eres tú mismo? A decir verdad, sí que me arrepiento por no vivir más intensamente la vida, sin embargo, no me culpo, ¿cómo pudiera imaginar el imbécil en el que me convertiría de viejo?

En fin, te recomiendo estimado yo de mayor, que hagas lo mismo que hacían los espartanos a las personas con problemas. Súbete en el despeñamiento de monte Taigeto y tírate; te aseguro que el mundo se libraría de un decrepito viejo como tú, y sería un alivio para la humanidad. No obstante, no tengo mucho tiempo, amigos, y tengo que exponer por qué hice esto que acongoja, tortura y deja sin conciliar el sueño a mi futuro yo.

De muy joven me ha dado cuenta que tenía una promiscuidad  fuera de común. Al principio me sentía mal, pero gradualmente me percaté que era algo natural; y, ¿por qué tenía que bregar contra mi naturaleza?

Así que asumí lo que era y no sólo eso; además, hice una íntima relación con mi pene que no lo consideraba como un miembro de mi cuerpo; más bien un íntimo amigo.

 Al percibir la beca de atletismo en Estados Unidos  hallé una barbaridad de mujeres guapísimas. En esta época era un célebre atleta, salía en los periódicos y era la admiración de todos; más bien quería decir de todas. Por lo tanto iba de flor en flor como una abeja recogiendo néctar. Sin embargo, por desgracia todo lo bueno termina pronto, en cuanto las mujeres se habían dado  cuenta  charlando unas con las otras me eludían como el diablo la mira; y como era natural evitaban de acostar conmigo.

¡Ay, amigos, pasé un infierno! ¡Lo podréis imaginar  un chaval promiscuo, sin acostarse dos meses! Dios los ampare para que no llegue  ninguno de vosotros en una situación tan desagradable.

Un día caminaba como un león hambriento, buscando su presa, y al entrar en la cafetería de la universidad mis ojos se clavaron en ella. Estaba como siempre guapísima, con su pelo rubio cayéndole sobre los hombros y sus ojos azules relucían una profunda melancolía, luego a mirarme, las lágrimas empezaron a brotar de sus mejillas. Empecé a consolarla. Ella había roto su relación con Dimi, íntimo amigo mío, y después de soportar un lloriqueo soporífero durante una hora la invité en mi apartamento para seguir escuchándola. Al entrar en mi habitación con ella no perdí ni un minuto primero empecé a besarla, luego a tocarla  y, cuando estaba a punto como un cochinillo segoviano preparado  para degustar, escuché al timbre; alguien estaba llamando.

Con la puerta entreabierta le vi. Tenía la mirada lánguida, respiraba con dificultad y le temblaba todo el cuerpo. Clavó sus ojos enrojecidos en los míos y dijo:

—Soti, yo siempre te he admirado como atleta y como persona y tú ¡me lo pagas acostándose con mi novia! Si las personas nos faltamos el respeto y los buenos modales se acabaría este mundo. Sin moralidad el caos se apoderaría de la creación y el ser humano se igualaría con los animales. Por favor, recapacite, no dejes que nuestra amistad desaparezca.

Las lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de Dimi. Tenía que tomar una decisión en cuestión de segundos. Atisbé al fondo donde estaba ella esperándome en la cama con las piernas despatarradas. Miré de refilón mi enorme pene estaba como siempre más tieso que un palo de escoba. Este parecía decirme: “Por favor no me hagas eso.”

Cerré la puerta al rostro de Dimi. Luego, miré a mi hermoso querubín y le dije telepáticamente:

—Amigo, te espera una noche infernal, hay que aprovechar quien sabe que nos depara la mañana: igual estaremos todos muertos.

Y me dirigí a dar su perecido a esta licenciosa, orgulloso por no traicionar mi único y verdadero amigo.

miércoles, 1 de octubre de 2014

El griego y el españolito









 
Hola, amigos. Sigo con mi imparable racha de triunfos. Mi relato “El griego y el españolito” ha sido seleccionado  en el concurso “Aventuras”.  Que también se editará en un libro que se llama Antología de narrativa “Aventuras”. Nos hemos  Participado 2.958 relatos y se seleccionaron 197 . Les pongo mi relato. Un abrazo, Sotirios.





Mi vida ha sido un desastre, todo se me fue a pique. Busqué empleo por todos los sitios, pero la mayoría me ofrecían cuatrocientos euros. Esta crisis me ha destrozado la vida. Así, meditando, escuché en las  noticias cómo algunos japoneses se congregaban  por internet y se suicidaban en grupo. Esta era la mejor idea que había tenido en años. Navegué por la red y por gran sorpresa encontré otros tres desgraciados como yo. Acordamos el lugar y nos reunimos en un acantilado cerca de Santander.
Aquí nos juntamos, un estadounidense, un italiano, yo y un español. Después de una breve conversación nos sorteamos el orden de quién se tiraría al acantilado.
Primero le tocó al estadounidense, corrió como un burro desenfrenado y sólo profirió “Fucking life”.Se escuchó un estruendo horrible; pero no habíamos tenido tiempo ni de pensarlo, cuando el italiano  le siguió en cuestión de segundos. Sólo dijo: “Porca miseria”, y se tiró.
Yo, queridos lectores, soy  curioso de naturaleza. No pude contener mi curiosidad y me acerqué al borde del acantilado a mirar. ¡Dios mío!
—Españolito, ¿no te incordia si tomo unos tragos antes de tirarme?
 –. Claro que no, además, te acompañaré, griego.
Tenía  dos botellas de wiski. Comenzamos a beber primero con cara de preocupación, luego nos pusimos eufóricos. Empezó el español a cantar: “El carro me lo robaron…” Seguí yo con los hijos de Pireas: “Que ena que dio que …” Continuó el español con: “Viva España”… Me levanté y empecé a bailar al sirtaki al estilo Zorba el griego. Se incorporó el español con una chaqueta,  como si hubiera un toro.   ¡Ole! ¡Ole!, decía él. ¡Opa!, decía yo. Menuda fiesta nos hemos montado, queridos amigos.
Por la mañana nos despertamos, y le dije al español:
—Españolito, nos tiramos.
–Sí, pero hoy no; mañanaaaaa.
Bajamos en Santander y nos armamos otra juerga. Así durante un mes, todos en Sardinero  nos conocían y nos llamaban los dos locos. En definitiva, nos hemos enterado que lo que nos faltaba en esta vida era una buena amistad. Alquilamos un apartamento y en seguida habíamos hallado trabajo los dos. Desde entonces vivimos dichosos en esa hermosa ciudad y, gracias al apoyo que nos damos uno al otro, nuestra vida se convirtió en una amena y placentera experiencia. Hemos encontrado dos chicas muy majas; pero esta es otra aventura  que no voy a revelar hoy; se los contaré mañanaaaa. 


jueves, 7 de agosto de 2014

Cálido destripamiento, de Sotirios Moutsanas

Amigos, he sido finalista en el I certamen de microrrelatos Chiado Editorial “MADRID HISTORIAS BREVES” Les cuelgo mi relato para que podáis disfrutarlo.






En la penumbra, bajo la tenue luz de la luna, en esa recóndita calle de Madrid, empecé a abrazarla cariñosamente. ¡Era tan hermosa! Tenía el pelo tupido, negro como una gitana; los ojos almendrados de color miel; la piel suave como la de un bebé. Rezumaba  juventud y vitalidad. Según la estaba abrazando escuchaba  como latía su corazón. Ella estaba tan apacible, tan sosegada, como si para ella el mundo estuviera en plena armonía.
¡Ay, si pudierais escuchar como latía su corazoncito tac, tac… como los tañidos del reloj! ¡Ay, si pudierais sentirlo, amigos, qué bienaventuranza y momentos más gratos! Muy pronto estaría como un mármol inerte sin vida. Pero no  se acongojen, queridísimos amigos, con mi instrumento quirúrgico será coser y cantar, no durará ni un segundo de expirar. Todo eso por un segundo cautivador. El segundo cuando el alma deja el cuerpo físico  para transportarse en otra dimensión a otro mundo. ¡Ay, si pudierais vivir conmigo este momento tan increíblemente mágico! Mi corazón cada vez palpitaba más rápido, mis sienes latían, mis rodillas flaqueaban, la adrenalina se apoderó todo mi cuerpo. ¡Ay, cómo latía la sangre en mi cráneo! Mi corazón iba a estallar, palpitaba más rápido, más rápido… ya no aguanté más.
— ¡Ay!
Sus entrañas se desperdigaron por el suelo. Una fracción de segundo antes de expirar, me acerqué, le atisbé a  sus desorbitados ojos colmados de terror, y le susurré con voz pastosa:


—Por si no te lo había dicho antes, me llamo… preciosa.

martes, 1 de julio de 2014

Diario de un promiscuo

De Sotirios Moutsanas




Mayo 1985: Los Ángeles California.
Quizás me quedan unos días de vida, o a lo mejor unas semanas: con suerte un par de meses. He decidido  escribir este relato con el firme propósito que pueda servirle a alguien como ejemplo para que no llegase a cometer un día  las mismas equivocaciones que yo.
De joven era ya muy alto, media 1,92 tenía los ojos azules como el mar, pelo rubio y un cuerpo escultural. Mi inteligencia muy aguda, mi buena educación, y una voz melodiosa culta y elocuente me habían ayudado a seducir las chicas con suma facilidad. En la vida hay gente  que colecciona sellos, monedas, mariposas y un gran etc.
Ahora viene lo increíble en mi caso: yo coleccionaba mujeres. Era como los toros bravos, simplemente, una vez que me acostaba con una mujer jamás repetía. Me era indiferente  el color, la edad, si era fea, guapa, gorda o lo que sea. Lo único que me interesaba era acostarme con ellas. Durante  el transcurso de mi existencia desarrollé técnicas de amor inverosímiles; pero les aseguro que es verdad. Llegué a hacer el amor con mujeres  sin tocarlas sólo utilizando mi fuerza mental. Lo que me hacía más dichoso era acostarme con mujeres frívolas; frías como el hielo, con mi conocimiento de las técnicas tántricas las hacía felices y me llenaba de complacencia cuando llegaban al clímax.
Todas las mujeres se enamoraban de mí, para no seguir con ellas tuve que inventar un pretexto bastante creíble. Les decía que me había enamorado  de una chica de Santander que se llamaba Ana y me sentía mal traicionarla.
Pasaron los años y yo seguía acostándome con multitud de  mujeres; pero un día llegué a acostarme con la mujer 9.999, o sea, faltaba sólo una para el 10.000. Decidí  cambiar actitud, vida y formar una familia, hacer hijos, con pocas palabras  a sentar la cabeza y dejar mi vida voluptuosa. En realidad  la mujer 10.000 sería la última. Busqué con ahínco una mujer de belleza singular para celebrar el fin de mis andaduras.
Hallé un hotel de cinco estrellas, compré  un buen champán, fresas con nata, puse velas aromáticas en la estancia y pétalos de rosa en el baño. La música amorosa que flotaba en el ambiente  provocaba una sensación muy agradable y un despertar de los sentidos sensuales.
Al entrar en la habitación parecía la reencarnación de un ángel. Su beldad resplandecía por todos los sitios. Al desnudarse se podía contemplar un cuerpo perfecto. Su cabello largo, tupido castaño claro le caía sobre los hombros. Sus ojos azules, grandes brillaban con un fulgor magnífico. Su voz sensual despertaba el deseo e incitaba al desenfreno. Llevaba lencería negra que se volvería loco de placer cualquier  mortal. ¡Y los labios!  ¡Ay, esos labios carnosos, sensuales, sólo contemplarlos daba deseos de besarlos!
Hice el amor con ella con ternura, delicadeza, y combiné  técnicas tántricas que la hicieron inmensamente feliz. Finalmente, después de seis horas de hacerle el amor  interrumpido, ella tuvo multitud de orgasmos y acabó como todas las mujeres, llamándome maestro y enamorándose de mí.
Al pasar tres meses me sentía con unos extraños mareos y tuve que ingresar en un hospital para hacer unos análisis.
—Tranquilo, doctor, tampoco es para tanto, no hay problema que no se solucione con una inyección.
—Lo siento, pero, tiene usted  V.I.H
— ¿Y qué es eso, doctor?
—Es un virus, una enfermedad nueva, sin embargo, es incurable y por desgracia conduce a la muerte. Por el momento no hay cura.
Al escuchar las palabras del doctor hizo que un escalofrío me recorriera la espalda y un sudor frío  manó de mi frente,  se me heló literalmente la sangre en las venas.
Esa es mi historia, amigos, como veis me queda poco tiempo de vida, pero seguramente quisierais preguntarme si me he arrepentido. Al pensarlo en serio desde luego que no, no me arrepiento. AL fin y al cabo todos moriremos  un día, no obstante, tengo que dar la razón  a mi amigo Rafa. Él siempre  me decía “Donde tengas la olla, no metas la polla”
JA, JA, JA. (Y el protagonista se murió)