Hola, amigos. Sigo con mi imparable racha de triunfos. Mi
relato “El griego y el españolito” ha sido seleccionado en el concurso “Aventuras”. Que también se editará en un libro que se
llama Antología de narrativa “Aventuras”. Nos hemos Participado 2.958 relatos y se seleccionaron
197 . Les pongo mi relato. Un abrazo, Sotirios.
Mi vida ha sido un desastre, todo se me fue a pique.
Busqué empleo por todos los sitios, pero la mayoría me ofrecían cuatrocientos
euros. Esta crisis me ha destrozado la vida. Así, meditando, escuché en
las noticias cómo algunos japoneses se
congregaban por internet y se suicidaban
en grupo. Esta era la mejor idea que había tenido en años. Navegué por la red y
por gran sorpresa encontré otros tres desgraciados como yo. Acordamos el lugar
y nos reunimos en un acantilado cerca de Santander.
Aquí nos juntamos, un estadounidense, un italiano, yo y
un español. Después de una breve conversación nos sorteamos el orden de quién
se tiraría al acantilado.
Primero le tocó al estadounidense, corrió como un burro
desenfrenado y sólo profirió “Fucking life”.Se escuchó un estruendo horrible; pero
no habíamos tenido tiempo ni de pensarlo, cuando el italiano le siguió en cuestión de segundos. Sólo dijo:
“Porca miseria”, y se tiró.
Yo, queridos lectores, soy curioso de naturaleza. No pude contener mi
curiosidad y me acerqué al borde del acantilado a mirar. ¡Dios mío!
—Españolito, ¿no te incordia si tomo unos tragos antes de
tirarme?
–. Claro que no,
además, te acompañaré, griego.
Tenía dos botellas
de wiski. Comenzamos a beber primero con cara de preocupación, luego nos
pusimos eufóricos. Empezó el español a cantar: “El carro me lo robaron…” Seguí
yo con los hijos de Pireas: “Que ena que
dio que …” Continuó el español con: “Viva España”… Me levanté y empecé a bailar
al sirtaki al estilo Zorba el griego.
Se incorporó el español con una chaqueta, como si hubiera un toro. ¡Ole! ¡Ole!, decía él. ¡Opa!, decía yo.
Menuda fiesta nos hemos montado, queridos amigos.
Por la mañana nos despertamos, y le dije al español:
—Españolito, nos tiramos.
–Sí, pero hoy no; mañanaaaaa.
Bajamos en Santander y nos armamos otra juerga. Así durante
un mes, todos en Sardinero nos conocían
y nos llamaban los dos locos. En definitiva, nos hemos enterado que lo que nos
faltaba en esta vida era una buena amistad. Alquilamos un apartamento y en seguida
habíamos hallado trabajo los dos. Desde entonces vivimos dichosos en esa
hermosa ciudad y, gracias al apoyo que nos damos uno al otro, nuestra vida se
convirtió en una amena y placentera experiencia. Hemos encontrado dos chicas
muy majas; pero esta es otra aventura
que no voy a revelar hoy; se los contaré mañanaaaa.



