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miércoles, 1 de octubre de 2014

El griego y el españolito









 
Hola, amigos. Sigo con mi imparable racha de triunfos. Mi relato “El griego y el españolito” ha sido seleccionado  en el concurso “Aventuras”.  Que también se editará en un libro que se llama Antología de narrativa “Aventuras”. Nos hemos  Participado 2.958 relatos y se seleccionaron 197 . Les pongo mi relato. Un abrazo, Sotirios.





Mi vida ha sido un desastre, todo se me fue a pique. Busqué empleo por todos los sitios, pero la mayoría me ofrecían cuatrocientos euros. Esta crisis me ha destrozado la vida. Así, meditando, escuché en las  noticias cómo algunos japoneses se congregaban  por internet y se suicidaban en grupo. Esta era la mejor idea que había tenido en años. Navegué por la red y por gran sorpresa encontré otros tres desgraciados como yo. Acordamos el lugar y nos reunimos en un acantilado cerca de Santander.
Aquí nos juntamos, un estadounidense, un italiano, yo y un español. Después de una breve conversación nos sorteamos el orden de quién se tiraría al acantilado.
Primero le tocó al estadounidense, corrió como un burro desenfrenado y sólo profirió “Fucking life”.Se escuchó un estruendo horrible; pero no habíamos tenido tiempo ni de pensarlo, cuando el italiano  le siguió en cuestión de segundos. Sólo dijo: “Porca miseria”, y se tiró.
Yo, queridos lectores, soy  curioso de naturaleza. No pude contener mi curiosidad y me acerqué al borde del acantilado a mirar. ¡Dios mío!
—Españolito, ¿no te incordia si tomo unos tragos antes de tirarme?
 –. Claro que no, además, te acompañaré, griego.
Tenía  dos botellas de wiski. Comenzamos a beber primero con cara de preocupación, luego nos pusimos eufóricos. Empezó el español a cantar: “El carro me lo robaron…” Seguí yo con los hijos de Pireas: “Que ena que dio que …” Continuó el español con: “Viva España”… Me levanté y empecé a bailar al sirtaki al estilo Zorba el griego. Se incorporó el español con una chaqueta,  como si hubiera un toro.   ¡Ole! ¡Ole!, decía él. ¡Opa!, decía yo. Menuda fiesta nos hemos montado, queridos amigos.
Por la mañana nos despertamos, y le dije al español:
—Españolito, nos tiramos.
–Sí, pero hoy no; mañanaaaaa.
Bajamos en Santander y nos armamos otra juerga. Así durante un mes, todos en Sardinero  nos conocían y nos llamaban los dos locos. En definitiva, nos hemos enterado que lo que nos faltaba en esta vida era una buena amistad. Alquilamos un apartamento y en seguida habíamos hallado trabajo los dos. Desde entonces vivimos dichosos en esa hermosa ciudad y, gracias al apoyo que nos damos uno al otro, nuestra vida se convirtió en una amena y placentera experiencia. Hemos encontrado dos chicas muy majas; pero esta es otra aventura  que no voy a revelar hoy; se los contaré mañanaaaa. 


jueves, 7 de agosto de 2014

Cálido destripamiento, de Sotirios Moutsanas

Amigos, he sido finalista en el I certamen de microrrelatos Chiado Editorial “MADRID HISTORIAS BREVES” Les cuelgo mi relato para que podáis disfrutarlo.






En la penumbra, bajo la tenue luz de la luna, en esa recóndita calle de Madrid, empecé a abrazarla cariñosamente. ¡Era tan hermosa! Tenía el pelo tupido, negro como una gitana; los ojos almendrados de color miel; la piel suave como la de un bebé. Rezumaba  juventud y vitalidad. Según la estaba abrazando escuchaba  como latía su corazón. Ella estaba tan apacible, tan sosegada, como si para ella el mundo estuviera en plena armonía.
¡Ay, si pudierais escuchar como latía su corazoncito tac, tac… como los tañidos del reloj! ¡Ay, si pudierais sentirlo, amigos, qué bienaventuranza y momentos más gratos! Muy pronto estaría como un mármol inerte sin vida. Pero no  se acongojen, queridísimos amigos, con mi instrumento quirúrgico será coser y cantar, no durará ni un segundo de expirar. Todo eso por un segundo cautivador. El segundo cuando el alma deja el cuerpo físico  para transportarse en otra dimensión a otro mundo. ¡Ay, si pudierais vivir conmigo este momento tan increíblemente mágico! Mi corazón cada vez palpitaba más rápido, mis sienes latían, mis rodillas flaqueaban, la adrenalina se apoderó todo mi cuerpo. ¡Ay, cómo latía la sangre en mi cráneo! Mi corazón iba a estallar, palpitaba más rápido, más rápido… ya no aguanté más.
— ¡Ay!
Sus entrañas se desperdigaron por el suelo. Una fracción de segundo antes de expirar, me acerqué, le atisbé a  sus desorbitados ojos colmados de terror, y le susurré con voz pastosa:


—Por si no te lo había dicho antes, me llamo… preciosa.

martes, 1 de julio de 2014

Diario de un promiscuo

De Sotirios Moutsanas




Mayo 1985: Los Ángeles California.
Quizás me quedan unos días de vida, o a lo mejor unas semanas: con suerte un par de meses. He decidido  escribir este relato con el firme propósito que pueda servirle a alguien como ejemplo para que no llegase a cometer un día  las mismas equivocaciones que yo.
De joven era ya muy alto, media 1,92 tenía los ojos azules como el mar, pelo rubio y un cuerpo escultural. Mi inteligencia muy aguda, mi buena educación, y una voz melodiosa culta y elocuente me habían ayudado a seducir las chicas con suma facilidad. En la vida hay gente  que colecciona sellos, monedas, mariposas y un gran etc.
Ahora viene lo increíble en mi caso: yo coleccionaba mujeres. Era como los toros bravos, simplemente, una vez que me acostaba con una mujer jamás repetía. Me era indiferente  el color, la edad, si era fea, guapa, gorda o lo que sea. Lo único que me interesaba era acostarme con ellas. Durante  el transcurso de mi existencia desarrollé técnicas de amor inverosímiles; pero les aseguro que es verdad. Llegué a hacer el amor con mujeres  sin tocarlas sólo utilizando mi fuerza mental. Lo que me hacía más dichoso era acostarme con mujeres frívolas; frías como el hielo, con mi conocimiento de las técnicas tántricas las hacía felices y me llenaba de complacencia cuando llegaban al clímax.
Todas las mujeres se enamoraban de mí, para no seguir con ellas tuve que inventar un pretexto bastante creíble. Les decía que me había enamorado  de una chica de Santander que se llamaba Ana y me sentía mal traicionarla.
Pasaron los años y yo seguía acostándome con multitud de  mujeres; pero un día llegué a acostarme con la mujer 9.999, o sea, faltaba sólo una para el 10.000. Decidí  cambiar actitud, vida y formar una familia, hacer hijos, con pocas palabras  a sentar la cabeza y dejar mi vida voluptuosa. En realidad  la mujer 10.000 sería la última. Busqué con ahínco una mujer de belleza singular para celebrar el fin de mis andaduras.
Hallé un hotel de cinco estrellas, compré  un buen champán, fresas con nata, puse velas aromáticas en la estancia y pétalos de rosa en el baño. La música amorosa que flotaba en el ambiente  provocaba una sensación muy agradable y un despertar de los sentidos sensuales.
Al entrar en la habitación parecía la reencarnación de un ángel. Su beldad resplandecía por todos los sitios. Al desnudarse se podía contemplar un cuerpo perfecto. Su cabello largo, tupido castaño claro le caía sobre los hombros. Sus ojos azules, grandes brillaban con un fulgor magnífico. Su voz sensual despertaba el deseo e incitaba al desenfreno. Llevaba lencería negra que se volvería loco de placer cualquier  mortal. ¡Y los labios!  ¡Ay, esos labios carnosos, sensuales, sólo contemplarlos daba deseos de besarlos!
Hice el amor con ella con ternura, delicadeza, y combiné  técnicas tántricas que la hicieron inmensamente feliz. Finalmente, después de seis horas de hacerle el amor  interrumpido, ella tuvo multitud de orgasmos y acabó como todas las mujeres, llamándome maestro y enamorándose de mí.
Al pasar tres meses me sentía con unos extraños mareos y tuve que ingresar en un hospital para hacer unos análisis.
—Tranquilo, doctor, tampoco es para tanto, no hay problema que no se solucione con una inyección.
—Lo siento, pero, tiene usted  V.I.H
— ¿Y qué es eso, doctor?
—Es un virus, una enfermedad nueva, sin embargo, es incurable y por desgracia conduce a la muerte. Por el momento no hay cura.
Al escuchar las palabras del doctor hizo que un escalofrío me recorriera la espalda y un sudor frío  manó de mi frente,  se me heló literalmente la sangre en las venas.
Esa es mi historia, amigos, como veis me queda poco tiempo de vida, pero seguramente quisierais preguntarme si me he arrepentido. Al pensarlo en serio desde luego que no, no me arrepiento. AL fin y al cabo todos moriremos  un día, no obstante, tengo que dar la razón  a mi amigo Rafa. Él siempre  me decía “Donde tengas la olla, no metas la polla”
JA, JA, JA. (Y el protagonista se murió)


lunes, 7 de abril de 2014

Médicos sin fronteras una vida al servicio de los demás



 De Sotirios Moutsanas



 Carim nació en una familia  de médicos. Su abuelo fue un prestigioso médico cirujano en el Cairo. Su padre conoció a su madre haciendo la especialidad de pediatría en el Hospital Clínico San Carlos. Durante sus estudios se enamoraron y se casaron cuando terminaron su formación. Cuando los demás niños de su edad no sabían leer ni escribir él conocía el juramento hipocrático. Hay personas que están tocadas por Dios y Carim sin duda era uno de ellos. Poseía una inteligencia inusual y una memoria prodigiosa. Esto le convirtió en un excelente estudiante y le ayudó a distinguirse de los demás. Sus profesores felicitaban a sus padres por su intelecto y su buen estar en las clases. Terminó sus estudios con sobresaliente y cuando estaba a punto de ejercer de cirujano general vio un reportaje en la televisión sobre Médicos Sin Fronteras. EL reportaje le conmocionó tanto que sin preámbulos se hizo miembro de la asociación MSF.

Era 9 de noviembre de 2001. Carim recibió una llamada de Barcelona donde están ubicadas las oficinas de MSF.

Carim, tú sabes claramente que nuestra organización está al margen de discriminaciones por religión, sexo, raza, política o filosofía. Nosotros nos ocupamos sólo por el bienestar del ser humano, sanar y cuidar a nuestro prójimo es nuestro lema. Carim, tus conocimientos en el idioma árabe son sustanciales para comunicarte, y ser aceptado por la gente de Afganistán. Te necesitamos, hay muchísimas bajas de civiles y nuestro deber es socorrerles. Él no lo pensó dos veces, aceptó gustosamente porque como le enseño el juramento hipocrático: la salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.

Al día siguiente emprendió el viaje hacia Afganistán, y de pronto estaba trabajando duro ayudando a personas maltrechas por la guerra. Al cabo de dos días tuvieron que visitar un pueblo a veinte kilómetros de Kabul, porque había muchos heridos, la mayoría niños. Pero según subían por la escarpada  y agreste montaña con los chips, les atacaron los talibanes matando todos sus acompañantes; sin embargo, mientras iban a dispararle, dijo en árabe:

—Soy médico y árabe.

-Nuestro jefe decidirá tu destino – dijo uno de los talibanes.

Le llevaron a la ciudad de Kabul donde había multitud de talibanes heridos por los bombardeos. Cuando se enteraron que era médico cirujano, no le costó nada convencerles a prestar su ayuda. Pasó dos días ajetreado cooperando con otros médicos afganos operando sin descanso y sin la más mínima queja salvando muchísimas vidas. Pronto llegó a ser muy querido por los familiares de los heridos, y los médicos afganos le apreciaban por su vasto conocimiento en cirugía y por la manera de tratar con amabilidad a los enfermos.

Repentinamente hubo mucho alboroto entre los talibanes afganos. 
 —Tenemos que ir a las cuevas de Tora Bora, en cuestión de horas los americanos entrarán en la ciudad. 
                                                                                                                                               
  —¿Qué haremos con el prisionero?
                               
  —Tenemos que esperar al jefe.


No tardó nada en aparecer su jefe, un hombre alto y robusto con unas cejas pobladas y una nariz aguileña y grande.

Había un silencio estremecedor. Finalmente, el jefe talibán profirió:

-Lo siento, pero he de  matarte—dijo con el ceño fruncido. El rostro de Carim languideció, un miedo atroz invadió todo su ser, tenía la frente cubierta de sudor. Lo único que pudo pensar era rezar a Dios para que se apiadara de su alma; pero no pudo contenerse, y empezó a llorar a lágrima suelta.

El jefe de los talibanes hizo un ademán con la mano para coger su revolver pero entonces para gran sorpresa de Carim vio algo que superaba su imaginación. Había más de veinte revólveres apuntando al jefe de talibanes. Sus compañeros con una expresión grave y tensa dijeron:

-Cómo se te ocurra tocar un pelo de este hombre te mataremos en el acto. Este hombre  es un ángel un enviado de Alá. Gracias a él hay un montón de compatriotas nuestros vivos. Si te dejamos dañar a este hombre  Alá nos castigará con el fuego eterno del infierno.

El jefe de los talibanes parecía sopesar los pros y los contras y finalmente dijo:

-De acuerdo le atamos, en unas horas los americanos lo encontrarán y lo liberarán. Rápido que tenemos que ir a las cuevas.

Al cabo de un tiempo llegaron los aliados y Carim fue liberado. En el campamento de MSF Carim estaba abrazando efusivamente  a otros compañeros médicos y les contaba su aventura.

Era de noche, el cielo estaba estrellado. Tres personas sentadas alrededor de fuego charlaban amigablemente. Estos héroes podrían estar en un lujoso departamento, pero habían preferido una vida dura donde nadie podía saber que les depararía el mañana. Lo único que sentían era una felicidad interior porque para ellos curar a los enfermos era el más grande de los placeres.