¿Cómo puedo matar a mi mujer y quedarme impune?
Meditando en profundidad tuve una idea brillante. Ella era supersticiosa fue facilísimo de convencerla que si conseguiría tragar con las doce campanadas del año nuevo las uvas de Globo tendría un lustro esplendoroso. Al llegar las doce de la noche vieja con las primeras campanadas y a poner en su boca las primeras uvas; que más que uvas parecían ciruelas, a la undécima tenía el color de berenjena: se estaba asfixiándose.
La tapé la boca y nariz con mi mano como era ya medio ahogada expiró en seguida.
El Forense dictaminó fallecimiento por atragantamiento.
En el sepelio pensando todas las islas paradisiacas y las hermosas mujeres que iba a… me emocionó tanto que no paraba de llorar. Todos decían: “Pobrecito como la quería”.
En la notaría tenía mis uvas favoritas y a empezar el notario yo comencé a comerlas una, dos…
“Dejo mi enorme fortuna a mi queridísima ONG Médicos sin frontera”.
— ¡Don Sotirios ¡ ¡¡¡ DON SOTIRIOOOOOOS¡¡¡
En la lápida estaba escrito:
Aquí está descansando un matrimonio ejemplar, don Sotirios, famoso atleta y escritor, tanto amó a su mujer que hasta murió de la misma causa.
“RESQUIESCAT IN PACE”
